
Cuando nos agobian los problemas
La Tierra no es plana, ni tampoco los problemas cotidianos
Indagando en la Historia Antigua, encontramos que la creencia de que nuestro joven planeta Tierra era plano (hoy con unos cientos de años más) lo encontramos en la llamada primera mitología caldea (pueblo semítico que se estableció en la baja Mesopotamia y dominó este país, con capital en Babilonia, en los siglos VII y VI a.C), considerada un disco redondo que flotaba en el océano, sirviendo de premisa para los primeros mapas griegos, como los elaborados por el filósofo Anaximandro y el historiador Hecateo de Mileto.
Felizmente la Tierra no es plana —puede identificarse en cualquier libro de Geografía, como es—, pero tampoco son planos los problemas que podemos encontrar en la vida cotidiana. Unos más agobiantes que otros, otros más “light” bien porque resultan poco complejos o simplemente no les hacemos casos, evadiéndolos o los dejamos en el mejor caso para después (¿hoy es lunes?, posiblemente lo retomamos, ¡el próximo lunes!). Obviamente una solución fatal. Si la vida resultara sencilla —de aquí la metáfora con la Tierra plana— posiblemente nos aburriríamos, casi todo estaría resuelto, habría una linealidad y no un enramado de consecuencias que se origina cuando no resolvemos las cosas a tiempo.
Pero, ¿qué entendemos por problema? Muchas son las acepciones, veamos: 1. Cuestión que se trata de aclarar. 2. Proposición o dificultad de solución dudosa. 3. Conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de algún fin. 4. Disgusto, preocupación. 5. Planteamiento de una situación cuya respuesta desconocida debe obtenerse a través de métodos científicos. Una vez aprendido lo anterior, nos damos cuenta de lo traumático que puede resultar cuando o bien no lo solucionamos.
¿Consecuencias?: dudas de su profesionalidad, una no cultura de atención al cliente, algo que se trabó y ahí quedó, “durmiéndose en los laureles” (frase utilizada cuando la persona es descuidada o no hace nada frente a alguna situación) inclusive en cuestiones de segundos puede echar por tierra todo el trabajo de una institución, organismo, entidad pública o privada. Una anécdota de algunos años atrás —que todavía recuerdo por lo traumático de la respuesta de un compañero— donde un cliente, el cual venía solicitando un servicio y no recibía respuesta: “ él no está, lo siento venga otro día ”, decía su secretaria; la persona por casualidad, molesta (cliente) se nos acercó para preguntarnos qué hacer, bastante desconcertada (pensé “me toca lavar la honra del centro de trabajo”), ¿en qué le puedo ayudar? Más allá de escuchar toda la problemática sin resolver, tratamos de “ir inmediatamente al grano”, localizando al responsable del servicio vía telefónica. Demoró en responder la llamada, casi hasta el agobio, al fin lo hizo: “ buenas tardes, Nombre del centro, habla fulano ” Le expliqué en síntesis apretada parte de la historia, en confianza me respondió: “Mirá, yo no tengo tiempo, tengo mucho que hacer ” La respuesta me sacó de paso; quedé mudo. Pedí disculpa a la persona y con la colaboración con otros compañeros de trabajo, darle una respuesta más halagadora y aunque no fuese la esperada, la respuesta fue una sonrisa y ¡gracias! Esa noche dormí en parte mejor, sin embargo, aún quedan algunos “extraterrestres” que siguen viendo a la Tierra plana.
Ver en la versión impresa las páginas: 12 B

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